DIEGO TORRES ANTE MAS DE 5 MIL PERSONAS EN CORRIENTES
En un show de casi tres horas, el cantautor argentino repasó los puntos más altos de su historia musical, apoyado por una banda que sabe bien de qué se trata. Homenajeó a sus padres, a Bob Marley y a Los Abuelos de la Nada.
En más de dos horas y media de concierto, Diego Torres hizo un repaso puntilloso de su discografía, apelando a sus dotes actorales e histriónicas para que la presentación no caiga en intensidad en la calurosa noche del Anfiteatro Cocomalora, en la capital correntina.
Más de cinco mil personas disfrutaron de un recital sin fisuras que mostró a un Torres que no quiso pasar por alto ninguna de sus pasiones: el recuerdo de su madre (Tal vez) y su padre (Reggae para mi viejo); la gran influencia de la música reggae (Chalaman –Los Abuelos de la Nada-, 1989 –Sumo-, Waiting in vain –Bob Marley-), el lujo de compartir un dúo con la gran Mercedes Sosa (Zamba para olvidar).
Siempre acompañado por una sólida banda y los coros exquisitos de Magali Bachor, Diego Torres arrancó con un set acústico, intimista. Cuando se disponía a interpretar una canción que compuso para su madre un inconveniente técnico con su piano fue la excusa perfecta para que el artista desplegara una dosis de su simpatía y espontaneidad para salir del imprevisto. “Esto es en vivo”, bromeó.
Después, sorprendió con una versión de “Easy”, un clásico de Lionel Ritchie, últimamente rescatado por la banda rockera estadounidense Faith No More. Luego, revisitó la versión de “Zamba para olvidar” que grabó a dúo con la gran Mercedes Sosa para el disco “Cantora” y “Ahora ya sé” (Agora eu já sei), de la brasileña Ivete Sangalo incluida en la reedición de su disco “Distinto”.
Posteriormente, vino el repaso de las canciones de su primera etapa, previa a su explosión internacional. Así pasó “Puedo decir”.
En el breve intervalo, Magali Bachor y cuatro bailarinas prepararon el clima, acompañadas por ese extraño personaje que hace maravillas sónicas con sus cuerdas vocales, Miguelius, una verdadera discoteca humana que luego participó de un paso de comedia con el propio Diego Torres quién lo ridiculizó por su vestimenta, un pretencioso tapado de piel en la calurosa noche correntina. Allí, se despachó con “Creo en América”, la canción oficial de la Copa América Argentina 2011.
Con naturalidad el cantante va de la comedia a la música, así fue cómo luego vino un segmento dedicado a la música flamenca, con bailaoras y todo, y “Una gotita de tu amor” y el clásico de Antonio Flores “Alba”.
Siguió con “Estamos juntos”, de aquel primer disco que coincidía con su participación en la tira televisiva “La Banda del Golden Rocket” y “Déjame entrar”, incluida en el álbum unplugged grabado para la cadena MTV, con el rap final del “director” de su banda –como el mismo Torres lo definió-, el cubano Alexander Batista.
San Bob
Con una breve introducción en imágenes, parodiándose a si mismo, Diego Torres presentó un nuevo tramo de su show, esta vez dedicado a uno de sus géneros musicales preferidos, la música distintiva de Jamaica y la cultura rastafari. Allí, repasó “Chalamán”, de Los Abuelos de la Nada -incluida en su primer disco-; “1989 (No tan distintos)” de Sumo; y Waiting in vain, del gran Bob Marley, intercalando su propia canción “Siempre hay un camino”.
Un final con himnos, propios y ajenos
Para los tramos finales, Diego Torres reservó “Bendito” –originalmente a dúo con Kevin Johansen-; la clásica “Usted” (interpretada a dúo con Alex Batista). Luego vinieron dos de sus más recientes composiciones “Mi corazón se fue” y “Guapa”.
Los hits enganchados “Sueños” y “Color Esperanza” –que catapultaron a Diego Torres a la consideración internacional- fueron los bises, a la postre los más coreados por el público.
Después de más de dos horas y media de show, el cantante dejó la versión del clásico de Los Abuelos de la Nada “Himno de mi corazón” incluida en la edición especial de su último álbum “Distinto”, y fruto de sus años de trabajo con el productor Cachorro López, ex integrante de la banda de rock nacional creada por el gran Miguel Abuelo.
Por Brian Pellegrini




















